*QUIQUE PEINADO.- Si yo estoy hoy aquí, vivito y tecleando, si existo, es por el Rayo Vallecano. Esto es tan cierto como de película es la historia: mi padre y mi madre se conocieron gracias al Rayo. Él, Enrique, era un vallecano de raza, de los que respetan la Santísima Trinidad de la vallecanidad: de izquierdas, rayista y aficionado al boxeo. Si los vallecanos portáramos un RH propio, lo hubiera tenido.
Todavía hoy, 33 años después de su muerte, hay gente que me para por Vallecas y me pregunta si soy su hijo. Según me ha contado mi madre, era un tipo que vivía para la gente joven del barrio, que intentaba sacarlos de la calle montando equipos de fútbol o llevándolos a boxear; en su entierro fueron esos mismos chavales los que portaron su ataúd.
Mi madre, Visitación, era una muchachita de Valladolid que emigró a Vallecas a buscarse la vida, y lo logró montando un taller de costura y, más tarde, una tienda que se llamaba Confecciones Nuria; a mí lo de Confecciones me sigue pareciendo el máximo exponente del glamour de barrio. En un sitio donde los otros comercios eran La frutería de José Luis, La droguería de Valentín o La peluquería de Beni (que sigue existiendo), mi madre era conocida como Nuria, aunque ese era el nombre de mi hermana y no el suyo
O sea, que yo me sentía como el hijo de Prince, porque mi madre tiene un nombre, pero todo el mundo la conocía por otro. Los dos (mi padre y mi madre, no Prince y mi madre) pertenecían a la Peña Sierra Díaz, con sede en el bar Paramés, sito (siempre quise escribir «sito») en la calle Melquíades Biencinto del Puente de Vallecas. Eran de esa peña por una razón tan de peso como que eran amigos de Manolo Sierra, uno de los porteros del equipo, que por entonces, hablamos de los años 60, andaba muy a gusto en Tercera División. De Díaz, el otro jugador que daba nombre a la peña, no tengo datos.
Eso sí, puedo contar que mis padres, entonces solteros, y sus amigos iban a ver al Rayo por esos campos de Dios, y no me imagino a esos hinchas como unos protobukaneros macarras y ultrillas, porque mi madre llama a esos viajes con el enternecedor nombre de «las excursiones del Rayo». Y de aquellas excursiones, estos lodos. O sea, yo. Sangre franjirroja sin cortar.
*Quique Peinado (Vallecas, 1979) lleva años huyendo del periodismo infructuosamente. A pesar de que le paran por la calle porque es «el que se sienta al lado de Cristina Pedroche» en Zapeando, Peinado sigue escribiendo en más medios de los que debería y publicando libros de escaso tirón comercial. Tras Futbolistas de Izquierdas llegó este, que muestra con gracia la desgracia de quien no puede dejar de escribir.
**El 10 de mayo de 1976 se inaugura el Nuevo Estadio de Vallecas con el partido Rayo – Valladolid, que ganaron los pucelanos por 0 – 1.
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