lundi 2 novembre 2015

Así ha sido una temporada para enmarcar de Garbiñe Muguruza

@GMuguruzaBBVA.- Tres finales, una de ellas de Grand Slam, Pekín, Wuhan y Wimbledon, su segundo título WTA en un Premier Mandatory, los torneos más importantes por detrás de los cuatro grandes, y el tercer escalón del podio mundial del tenis femenino. Garbiñe Muguruza ha escalado 17 posiciones en el ránking en una temporada en la que ha demostrado que puede, y mucho, con los grandes retos.

Hace 12 meses cerraba su primera temporada completa en el WTA Tour justo entrando en el Top 20 del mundo. Tras una pretemporada durísima, que Garbiñe comenzó en Sydney, ya que una torcedura de tobillo le impidió jugar en Brisbane, alcanzó los dieciséisavos de final en el Open de Australia, defendiendo los puntos del 2014. Los primeros destellos de que este podía ser un buen año llegaron en Dubai donde alcanzó las semifinales, pero una indisposición le obligó a retirarse el lunes siguiente en Doha ante Carla Suárez.

Indian Wells y Miami se volvieron a resistir y cayó en segunda ronda en ambos WTA Premiers. A última hora decidió jugar en Marrakech para coger ritmo de partidos, pero cayó en segunda ronda y se fue a Madrid donde también perdió en segunda ante Kuznetsova, aunque lo compensó algo alcanzando la final de dobles junto a Carla Suárez. Renunció a Roma y llegó a París con la presión de defender lo obtenido el año anterior. Y lo hizo bien. Garbiñe repitió de nuevo en los cuartos de final en Roland Garros, cayendo ante Safarova y después de derrotar a Angelique Kerber y Flavia Penetta.

Llegó la temporada de hierba, y se presentó en Wimbledon con un partido ganado tras jugar Birmingham y Eastbourne. En 2013 había caído en primera ronda, no había presión, había defendido bien París y se había quitado un peso de encima, por lo que a partir de ahí todo sería sumar prácticamente para subir en el ránking. Y poco a poco se fue creciendo.

Ese entrenamiento con Petra Kvitova, con Rafa Nadal y Roger Federer entrenando en las pistas contiguas, le hizo ver que su tenis estaba hecho para la hierba. A partir de ahí, cada ronda se sintió más cómoda y acabó alcanzando la final de Wimbledon para hacer historia en el tenis femenino español.

El verano americano fue discreto, con dos primeras rondas en Cincinnati y Toronto, y segunda en el US Open ante Johanna Konta. Y llegó la gira asiática donde ha dado la vuelta a la temporada y de donde sale más reforzada que nunca. En estos cuatro torneos ha sumado 2375 puntos (100 en Tokio + 585 en la final de Wuhan + 1000 con el título de Pekín + 690 en Singapur).

Para acabar cerrando la temporada con su primera clasificación para las WTA Finals de Singapur, donde ha hecho historia al convertirse en la segunda tenista española en alcanzar las semifinales de este torneo de maestras, tras Arantxa Sánchez Vicario, después de ganar sus tres partidos de la ’round robin’ del Grupo Blanco, frente a Lucie Safarova, Angelique Kerber y Petra Kvitova, cediendo sólo un set en el último.

“Este año he aprendido que para estar ahí arriba he de jugar a muy alto nivel con mucha más regularidad. He aprendido que soy más fuerte de lo que pensaba, he aprendido a afrontar con calma los momentos importantes, a limpiar mi cabeza de negativismo. Toda esta temporada ha sido una gran experiencia y espero que me valga para lo que esta por venir”, comentó Garbiñe ayer antes de viajar desde Singapur hacia Barcelona.



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Cristiano lo juega todo y la cantera cuenta en el Real Madrid de Benítez

El capitán republicano del Real Madrid murió solo en Nueva York

DIEGO BARCALA.- El que ha oído su nombre en el siguiente turno del fusilamiento y ha sentido la frialdad del paredón no tiene otro recuerdo para el resto de su vida. Perico Escobal fue capitán del Real Madrid en los años 20 y jugador de la Selección en los Juegos Olímpicos de París 1924 pero apenas hablaba de fútbol meses antes de morir en 2002 en su casa del exilio en Nueva York. La infección de su columna por las pésimas condiciones de tres años de prisión era su primer recuerdo de España. Escobal murió solo a los 98 años. Nadie recordó su sufrimiento ni sus años de éxito deportivo. Su cuerpo permaneció abandonado en la morgue neoyorquina durante meses antes de que alguien le enterrara. El capitán del Madrid republicano, desapareció en el olvido.

En una escueta nota en su página web de octubre de 2005, el club en el que debutó a los 18 años en Oporto y del que fue canterano en el Colegio del Pilar, el Real Madrid, reseñó la publicación de un libro escrito por el exjugador. “Se editan las memorias de “Perico” Escobal, capitán del Real Madrid condenado a muerte”, decía la información. Lo que se publicó aquel año, o más bien se reeditó, fue ‘Las Sacas’, por la editorial Biblioteca del Exilio, en un volumen coordinado por la profesora de Literatura de la Universidad de La Rioja, María Teresa González de Garay. ‘Las Sacas’ es un detallista y espeluznante recuerdo del paso de Escobal por prisión. Pero también es un ajuste de cuentas donde denuncia a los culpables de las atrocidades que vivió en su paso por las celdas.

“Si no iba yo a verle, no iba nadie”
“Siempre que le visitaba enseñaba el hueco que tenía en la columna por la infección que cogió en la cárcel”, recuerda Pablo Escondrillas, familiar lejano de Escobal. Pablo, de 38 años, estudió un máster en la Universidad de Columbia en 2001 y aprovechó la cercanía de la facultad a la casa del exfutbolista para visitar a aquel señor mayor que se había casado con una prima de su abuela y que vivía en la ciudad desde 1939. “Era un hombre de una cultura inmensa. Le encantaba hablar de Cervantes y se puede decir que tenía más interés por la cultura que por el fútbol. Su recuerdo más recurrente como deportista era la competencia que este espectáculo tenía con los toros. Decía que en sus años inauguraban campos constantemente por el auge de la popularidad del fútbol. Su mujer murió en 1999 y apenas veía cuando le visitaba. Sabía que si no le iba a ver yo, no iba nadie”, recuerda una década después.

Escobal vivió la muerte de cerca. En las citadas memorias dejó decenas de referencias al ambiente moribundo que inundaba la prisión entre fusilamientos, suicidios y condenas a muerte. “Grandes seres humanos como Mozart habían muerto en circunstancias parecidas de soledad. En la sala Once todos morían como cabos de vela encendida que se consumen, lentamente”, describió en su libro publicado en Nueva York por primera vez en 1968. Los primeros ejemplares de su denuncia con nombres y apellidos de la represión en La Rioja llegaron a España escondidos en los barcos por marineros de izquierdas que cruzaron el Atlántico.

Exilio desde Portugalete
Escobal huyó con su mujer y su hijo de la España franquista en 1939 desde Portugalete a bordo del barco ‘Magallanes’. Salvo una visita en los años 50 para enterrar a su madre, nunca volvió. Gracias a la influencia de su mujer, Teresa Castroviejo, hermana del famoso oftalmólogo, consiguió que las autoridades judiciales archivaran su caso.

Escobal fue detenido poco después del 18 de julio de 1936 en Logroño acusado de masón, de auxilio a la supuesta rebelión republicana y de haber contribuido a la quema de conventos en Madrid en el invierno de aquel año. Lo único cierto es que Escobal era afiliado a Izquierda Republicana, pertenecía a la logia Zurbano de Logroño y había ayudado a unas monjas a huir de la quema de iglesias en Madrid. Un conflicto laboral por su nombramiento como ingeniero municipal de Logroño se escondía detrás de la detención por la que estuvo a punto de ser fusilado en una noche cuyo nombre apareció en la lista de los que les había llegado su hora. “Uno de los guardias me empujó con violencia hacia atrás, diciendo entre las risas de sus compañeros: Esta noche no”, dejó escrito.

Obligado al exilio, enfermo y débil, lejos quedaban sus años de gloria en Chamartín. Cuando formó un trío defensivo con Quesada y el portero Martínez “impasable”, como adjetivaban los cronistas de Madrid en las victorias ante el gran rival, el Athletic de Madrid. Central de una gran fuerza física (medía cerca de 1,90) y gran agresividad, también recibió críticas en algún día flojo. “Escobal se pasó descaradamente al bando de la Gimnástica para ver si así ésta conseguía el empate, cosa deseada por algunos “merengues” para que así aquella se clasificara en segundo lugar en vez del Athletic. Escobal, durante estos últimos diez minutos, no quiso quitar a los gimnásticos ni una pelota, y como Quesada, sin la ayuda de Escobal, nada sabe hacer, el bloqueo de la portería de Martínez se hizo temible”, relataba el periodista de la revista Gran Vida en 1924.

Ida y vuelta al Real Madrid
Otras crónicas sí le piropearon. “Violento pero noble; impetuoso, pero sereno, así es Perico Escobal”, decía su ficha de la revista La Estampa, el 19 de diciembre de 1929. Escobal llegó a jugar en tres equipos diferentes de la capital entre otras cosas por desavenencias con los directivos del Real Madrid que le dificultaron que compaginara su carrera deportiva con la de Ingeniería industrial. Volvió al Madrid, pero la grada de Chamartín y la prensa merengue le castigaron por su cambio de club. “Recordemos como las ovaciones tributadas a la entrada enérgica, desmedida, de Perico Escobal, como elogio de su valentía, sólo por un cambio de camiseta se convirtieron, -subsistiendo la enérgica y valiente entrada- en vituperio inaguantable”, dejó en 1930 para la historia el cronista deportivo de la Revista Crónica sobre un bronco partido del Racing de Madrid y el Athletic Club de Madrid en el campo de El Parral, en Vallecas.

En sus últimos años de vida su mejor recuerdo del fútbol era el mundo que había conocido gracias a él. “Recordaba cómo había cruzado los Andes y había jugado un partido en Brooklyn con el Madrid”, rescata Escondrillas. “Periodistas y directivos del club contra el que íbamos a jugar, miraban con asombro nuestras miserables figuras cuando pusimos los pies en el andén de la estación [de Copenhague]. Oía a Juanito Cárcer [entrenador del Real Madrid de la época] decir: “Estos tíos van a creer que el equipo del Real Madrid somos una partida de vagabundos sucios”. En un cambio de decoración apareció la estación de Hamburgo. Una prostituta rubia y no mal parecida me invitaba con sus ojos a una pagada aventura de amor. Nuevo telón. Una taberna de Lille, botellas y vasos rodaban por el suelo mientras unas mujeres terriblemente pintadas nos miraban con expresión de susto”, recordaba Escobal en mitad de un delirio provocado por la fiebre de la infección que le atacó en la columna vertebral.

Un gol en Chamartín
Pablo Escondrillas, por indicación de la profesora González de Garay, consiguió arrancar de su memoria alguna descripción de su juego. “Metía pocos goles, pero sí marqué uno desde el campo contrario, en Chamartín, porque el sol deslumbró al portero en un despeje fuerte. El portero, del Unión Sporting de Madrid, no vio el balón después del bote, y fue un gol espectacular”, recordó el defensa meses antes de morir.

El crecimiento del fútbol en la España republicana generó un debate en los vestuarios de los grandes equipos. Había que discutir si el fútbol seguía siendo una actividad para jóvenes burgueses o se avanzaba hacia la profesionalización de los jugadores. Escobal se posicionó en favor de la profesionalización y trató de crear un sindicato de futbolistas frente al delantero estrella de su equipo, Juanito Monjardín, favorable al veto al pueblo de las actividades deportivas, según describe el historiador Ángel Bahamonde, citado por González de Garay. En el fondo del debate se encuentra la concepción ideológica de la sociedad. Escobal era afiliado a Izquierda Republicana gracias a la influencia de, entre otros, Santiago Bernabéu. Y Monjardín prestó su apoyo a los ideales golpistas de Falange Española. Sin embargo, nunca llegaron a enfrentarse en la contienda.

Algo que sí le ocurrió al defensa riojano con otros compañeros de equipo. Esta vez de la selección olímpica que acudió a los Juegos de París de 1924, cuando España cayó ante Italia al inicio del torneo. Uno de sus compañeros de equipo era Chomin Acedo del que volvió a tener noticias en la prisión al enterarse de que estaba al frente de las ejecuciones represoras en Haro (La Rioja). “Quizás por parecerme Acedo insincero y fanfarrón fue el único compañero de equipo con el cual no hice amistad en aquel viaje. En el mundo futbolístico de sus tiempos fue un gran jugador”, dejó escrito. Escobal escuchó en prisión que Domingo Gómez-Acedo, jugador del Athletic Club de Bilbao entre 1913 y 1929, apostaba con su patrulla “a que su bala entraría por el ojo derecho, por el izquierdo, por la boca u otro sitio del cuerpo de las víctimas”.

Precedentes de Guantánamo
Escobal fue detenido y confinado en la prisión improvisada por los rebeldes en el Frontón Avenida. Los soldados fascistas que vigilaban aquella cárcel encendían los potentes focos cada noche, en una práctica torturadora predecesora de los métodos aplicados en la base estadounidense en Guantánamo. “Hice una adquisición valiosa para defender mis ojos contra la irritación producida por las potentes bombillas colgadas del techo, y encendidas toda la noche; compré unas gafas negras a un soldado aficionado al fútbol que, quizás por recordar mis actuaciones con el equipo local, me las cedió a un precio razonable”, dejó sobre el papel de su diario personal.

Escobal terminó su carrera en el Club Deportivo Logroño. En prisión coincidió con el conserje del club y con otros aficionados que recordaban sus valientes entradas al corte. Su condición de exjugador del Logroñés le posibilitó que un preso le reservara una colchoneta en un cambio de cárcel. “Un preso común, pinche de cocina y aficionado al fútbol, me proporcionó el catre que me permitía no dormir en el suelo”, escribió.

La cárcel le marcó de por vida. No sólo por el mal de Pott (una especie de tuberculosis que le afectó la columna vertebral) sino por la rabia de ver un país quebrado por dentro y por fuera que atacaba lo que Escobal más amaba, la cultura y la libertad.



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Neymar mantiene el liderato en solitario en la tabla de goleadores

dimanche 1 novembre 2015

De Marcos sufre una torcedura de tobillo y es duda ante el Partizan

Bilbao, 1 nov (EFE).- El jugador del Athletic Club Oscar de Marcos ha sufrido una entorsis (torcedura) en el tobillo derecho en el partido de este domingo ante el Betis en el Benito Villamarín y es duda de cara al próximo partido del equipo bilbaíno, el encuentro europeo del jueves ante el Partizan en San Mamés.

Según ha informado el Athletic tras el encuentro, que el equipo rojiblanco ha ganado por 1-3, De Marcos ha sufrido “una entorsis en el tobillo derecho” de la que queda “pendiente de evolución” para saber su alcance final.

De cara al choque frente al conjunto serbio, correspondiente a la cuarta jornada del Grupo L de la Liga Europa, el Athletic tiene las bajas seguras de Mikel Rico y Kike Sola y también es más que dudosa la disponibilidad de Ander Iturraspe e Iker Muniain, ambos aquejados de problemas musculares.

Si finalmente De Marcos no pudiese jugar el jueves, su relevo más probable sería Eneko Bóveda, que ha sido quien le ha sustituido hoy en Sevilla, en el minuto 50 del partido contra el Betis.

Otra opción es Íñigo Lekue, quien también ha entrado hoy en la segunda mitad del choque del Villamarín. En su caso para relevar a Iñaki Williams en la posición de interior derecho, en el minuto 78.



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1-3. El Athletic sigue su escalada con su primer triunfo fuera ante un Betis perdido

1-1. El Almería mereció algo más que el empate

Almería, 1 nov (EFE).- El Almería hizo méritos para algo más que el empate (1-1) frente a un Valladolid timorato a raíz del gol que tampoco tuvo ocasiones para aspirar a mucho más.

El Almería fue más preciso desde el minuto 10 y le faltó tranquilidad en los minutos finales, pero sí que tuvo momentos de control del partido durante gran parte del encuentro.

En el minuto 55, Quique González puso al Almería por delante, pero pecó de ansiedad y no supo manejado el partido. En el 62, con una defensa local blanda, el Valladolid puso las tablas. Los penaltis, uno en cada área, pudieron decantar el partido, pero Chuli falló y Casto acertó para dejar el partido en tablas.

La primera parte fue igualada, aunque fue el Almería el que más cerca estuvo por número de llegadas, no así por número de ocasiones. A los de casa les faltó acierto en el último pase para haberse adelantado en el marcador.

El partido comenzó con nervios entre los locales. En el minuto 6, Mojica tuvo la única clara para el Real Valladolid, con un disparo que se estrelló en el palo derecho de la meta de Casto. Pero, el Almería ganó en compromiso y actitud a un Valladolid que esperó el fallo para despejar nervios.

Poco a poco, el Almería fue más intenso, recuperando más balón y perdiendo menos que el equipo de Miguel Ángel Portugal, que, eso sí, se defendía con mucho orden en su área para buscar la sorpresa a la contra. En el 11, una de Mojica acabó con un centro al que no llegó Rodri y, en el 12, fue el Almería el que la tuvo con Chuli, pero encimado por los centrales pucelanos que despejaron el peligro.

Durante la media hora hasta el final, el balón estuvo más cerca de la meta de Kepa que de la de Casto, pero al Almería le faltó acierto para llegar con algo más que el balón al último cuarto de campo y al Valladolid más fortaleza para robar y crear peligro.

En la segunda parte, las imprecisiones de unos y otros impidieron el gol. El Almería, empeñado en abandonar el farolillo rojo, buscó el tanto y se lo dio la insistencia. En el 55, Kepa dudó tras una cesión de Hermoso, Quique creyó en llegar y lo hizo para adelantar a la UD Almería.

El Valladolid se tiró arriba, pero con dudas. Las tuvo el Almería para despejar el peligro, Juan Villar buscó el disparo, Casto despejó y el balón le cayó a Mojica que lo puso con violencia en la red almeriense.

La entrada de Pozo dio un aire nuevo a los locales, creando peligro hasta en tres ocasiones. La segunda fue cortada por Timor con penalti, pero Chuli lo ejecutó mal y el partido dio la imagen de un Valladolid más timorato y casi conformista con el empate y un Almería con más corazón que cabeza.

Las ocasiones no llegaron, pese a las aproximaciones, dejando el partido en un empate que pudo no ser así porque el Valladolid falló un penalti en el 92.

Ficha

1- Almería: Casto; Antonio Marín, Fran Vélez, Morcillo, Míchel Zabaco; Fatau (Montoro, m. 66), Fernando Soriano, Lolo Reyes; Quique González (Cristian Herrera, m. 86), Chuli e Iván Sánchez (José Ángel Pozo, m. 66).

1- Real Valladolid: Kepa; Chica, Marcelo Silva, Samuel, Hermoso; Timor, Juan Villar (Guzmán, m. 72); Manu del Moral (Diego Rubio, m. 77), Tiba, Mojica, y Rodri (Juanpe, m. 87).

Goles: 1-0, m. 55: Quique González. 1-1, m. 62: Mojica.

Árbitro: Arias López, del colegio cántabro. Amonestó a Fatau (m. 24), Antonio Marín (m. 71), Chuli (m. 80), Montoro (m. 81) y Soriano (m. 92), de la UD Almería, y a Hermoso (m. 14) y Tiba (m. 73), del Real Valladolid.

Incidencias: Partido correspondiente a la jornada undécima del Campeonato de Liga de Segunda División A, Liga Adelante, celebrado en el Estadio de los Juegos Mediterráneos, con 6.628 espectadores.



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