DIEGO BARCALA.- Como un náufrago desesperado que después de gritar desde la balsa en alta mar se desmaya bajo el sol. Así parecía Rafa Benítez recostado en el banquillo o silla eléctrica del Bernabéu el pasado sábado. Con 0-1 y con 0-2 sólo Danilo, por cercanía geográfica en la banda, atendía las indicaciones del entrenador. La última media hora ni eso. La toalla estaba tirada. Los jugadores ni miraban al banquillo desde el que Benítez ordenaba sus gritos y desempeñaba sus gafas.
La película ya la ha visto el público del Real Madrid en muchas ocasiones en los últimos años y sabe que no acaba bien. Un entrenador que sucumbe con recetas conservadoras contra el vistoso juego del FC Barcelona. La fe se evapora en 90 minutos y el entrenador apela a la unidad y justifica sus decisiones con el convencimiento de quien relata victorias y victorias hasta la derrota final.
Algunos periodistas relatan con seguridad que Cristiano no daba crédito en un entrenamiento de pretemporada al comprobar como el míster paraba un ejercicio para enseñarle cómo golpear el balón
“A Rafa lo veo como uno de esos profesores que te sacan de tus casillas por estar corrigiéndote todo el tiempo, pero que, al echar la vista atrás, te das cuenta de cuánto aprendiste de él. Es uno de esos tipos que te encuentras en la esquina del pub y que es un experto de cualquier materia. Si le cuentas una historia, te contará una más larga. Si un chiste, ya lo sabe o te explica cómo contarlo mejor. El problema con estos tipos es que si dan tanto la tabarra durante la semana, llega el sábado por la noche, la gente bebe demasiado y con una palabra de más el sabelotodo es noqueado. ¡Mejor le digo a Rafa que tenga cuidado con dónde va a beber!”. Con estas palabras define Jamie Carragher al que fuera su entrenador en Liverpool durante 6 años. La mitad del vestuario no soportaba su actitud.
Las experiencias de Benítez con los vestuarios son una fuente inagotable de reproches e incomprensiones. Algunos periodistas relatan con seguridad que Cristiano Ronaldo no daba crédito en un entrenamiento de pretemporada al comprobar como el míster paraba un ejercicio para enseñarle cómo golpear el balón. Empatía cero que confirma el mote que según el periodista valenciano Cayetano Ros le pusieron los jugadores del Valencia: “La mano izquierda nunca fue un punto fuerte de Benítez. Los jugadores del Valencia le llamaban Dios porque, decían, cree que lo sabe todo de fútbol”.
“Dos características definen bien el comportamiento de Rafa Benítez: no miente y nunca habría sido un buen diplomático”
Uno de los periodistas que mejor conoce el pensamiento y la actitud de Benítez con los futbolistas es Javier Gómez, director de la revista Papel. En 2012, con motivo del fichaje del madrileño por el Chelsea, escribió lo siguiente en Líbero: “Dos características definen bien el comportamiento de Rafa Benítez: no miente y nunca habría sido un buen diplomático. Lo segundo es consecuencia de lo primero. Lo comprobaron en Valencia, cuando explicó en rueda de prensa la diferencia entre un sofá y una lámpara, aplicada a los fichajes.
Y en Liverpool, donde la relación siempre tuvo algo de tirante con los directores deportivos, primero Rick Parry y luego Christian Purslow, ni qué decir de los presidentes norteamericanos Hicks y Gillet… Los americanos negaron a Rafa el dinero para construir un buen equipo en su última etapa y luego malgastaron millones a espuertas con pufos como el ex convicto Andy Carroll. La relación empezó a romperse cuando el hombre que dio dos ligas al Valencia descubrió que la pareja de propietarios del Liverpool había negociado con Jurgen Klinsmann. Pidió explicaciones. Éstos mintieron. Y Benítez, chapado a la antigua en estas cosas, no tolera los embustes”.
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