@RetoCarlosSoria.- Restaurar muebles antiguos, cubriéndolos de tele o piel. La de tapicero siempre ha sido considerada una profesión que se hereda de padres a hijos, por lo que no requiere del conocimiento de alguna ciencia. Carlos Soria la ejerció durante 51 años, siempre compaginándola con su gran pasión, la montaña.
La historia de Carlos Soria no está ligada únicamente al mundo de las grandes cimas o el alpinismo. El abulense siempre ha sentido especial cariño por la profesión a la que se dedicó durante la mayor parte de su vida, hasta su jubilación hace once años, la tapicería. Un oficio, que aprendió de su padre, Marcial Soria, y que comenzó a ejercer cuando sólo tenía 14 años.
Corrían los años 50 cuando Carlos Soria dejó los estudios para ponerse a trabajar y ayudar en el sustento de la familia. Con sólo 11 años, el alpinista abulense empezó como encuadernador en un taller situado en la Calle de la Palma, en Madrid. Con cariño recuerda el primer libró que encuadernó empleando un arte aún común en Europa, la encuadernación en piel. Se trataba de una edición de “El Quijote”.
Tres años más tarde comenzó su aventura como tapicero. Su padre Marcial necesitaba ayuda para sacar adelante los encargos y, aunque primero trabajaban en casa, la demanda crecía y se hacía necesaria la creación de un taller, del que Carlos Soria se fue haciendo cargo con el paso del tiempo. Su madre, Antonia Fontán, también ayudaba en las labores de la empresa familiar, especialmente cociendo telas y haciendo cortinas.
En los comienzos los muebles había que trasladarlos a cuestas y con carros de mano que se alquilaban, algo que complicaba mucho más el trabajo. Pero el gusto refinado de Carlos Soria y su buen hacer, llevaron su negocio más allá de las fronteras españolas, hasta Nueva York , incluso, o Suiza, donde aprovechaba cada viaje para llevarse los esquís y practicar uno de sus deportes favoritos, el esquí de fondo.
Y es que a la misma vez que comenzó su oficio de tapicero, Carlos Soria realizaba su primera incursión a la Sierra de Guadarrama, y siete años después viajó a Los Alpes en Vespa para iniciarse en el mundo de la escalada de gran dificultad. Sus clientes comprendieron desde el principio su gran pasión por la montaña y respetaban sus tiempos en la elaboración de los trabajos cuando ponía rumbo a alguna expedición.
Aún hoy en día continúa abierto el taller en el que Carlos Soria desarrolló su profesión como tapicero y vivió la mayor parte de su vida, primero junto a sus padres y posteriormente solo. Jesús Barroso, uno de sus trabajadores, lo regenta hoy en día en el mismo lugar, la Calle San Emilio, que el alpinista de 76 años le dio vida a finales del siglo XX.
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