lundi 21 mars 2016

Dormir en la habitación de Cristiano por 25 euros

La habitación 34 de la Residencia Dom José en Lisboa conservó un diamante en 2001, mientras duraron las obras de las instalaciones del Sporting. Las empleadas de la vetusta pensión todavía recuerdan al único joven inquilino que prefería la pelota a la PlayStation.

Texto Antonio Moschella | Fotografía Ricardo Viel

En la Avenida Duque de Loulé de Lisboa, a unos escasos metros de la céntrica Plaza Marqués de Pombal se halla la pensión Dom José. Ubicada en el último piso de un inmueble vetusto, esta residencia rústica fue durante casi un año la casa de un joven Cristiano Ronaldo. Entre el año 2000 y 2001 la Academia, el lugar donde se forman los jóvenes elementos del Sporting de Lisboa -para muchos la mejor cantera de Portugal y una de las mejores de Europa- estaban cerradas por reformas.

Fue en este periodo cuando el actual delantero del Real Madrid vivió de verdad Lisboa, la capital a la que había llegado cuatro años antes procedente de Madeira, su isla natal perdida en pleno Océano Atlético. Su vida antes se concentraba casi exclusivamente en las instalaciones de Al cochete, localidad al otro lado del Tajo, donde las distracciones eran menores y la lejanía con el alboroto del Bairro Alto permitía una mayor relajación y concentración. Sin embargo el año vivido en el meollo de Lisboa no cambió para nada la actitud de Cristiano.

El joven isleño que a su llegada al continente había sido objeto de bromas por su acento a la hora de hablar siem¬pre tuvo claro que para ser grande tendría que esforzarse y hacer muchos sacrificios. Y así fue. La dedicación al trabajo de Cristiano se refleja claramente en las palabras de María José Lopes, una de las encargadas del mantenimiento y de la limpieza de la pensión, que sigue en el mismo sitio después de más de 20 años: “Era un chico al principio muy introvertido que no hablaba mucho con nosotras y pensaba solamen¬te en ir a los entrenos y a hacer ejercicios”.

A su lado, con una sonrisa muy conmovida a hablar del chico que paseaba muy apurado por los pasillos y mirando todo de reojo está la señora Laurinda Barros, que recuerda como “todos los chicos jugaban a la PlayStation pero él no, él hacía ejercicios o incluso jugaba al balón en los pasillos y en la habitación. Estaba obsesionado por el fútbol. ¡La de líos que me montó aquí dentro con esta pelota!

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